Carlos Ramírez. He visto varios documentales en los que Steve Jobs explica con detalle su filosofía de vida, su forma de pensar y la manera en que tomaba decisiones.

Sin embargo, no había prestado suficiente atención a un hecho que hoy considero una de las lecciones más importantes de su historia: su muerte en el año 2011 pudo haber estado marcada por una decisión de salud que él mismo tomó.

El caso de Jobs, es una muestra de que incluso las personas más brillantes pueden equivocarse cuando ponen sus convicciones personales por encima de la evidencia médica.

Desafortunadamente, el hombre que nos enseñó a ver el futuro murió a los 56 años; una edad demasiado temprana si consideramos que la esperanza de vida en Estados Unidos, supera los 75 años

Cuando fue diagnosticado con cáncer de páncreas, tomó una decisión que marcó su destino: confió en su «intuición» por encima de la ciencia médica y postergó su cirugía durante nueve meses

Cuando finalmente aceptó el tratamiento, ya era demasiado tarde.

El caso de Jobs confirma la tesis central de Diabetes Responsable: la educación y la prevención son la mejor medicina de todas.

¿Cuántos «Steve Jobs» hay en este momento, dejando para después un asunto tan delicado como su salud?

Vemos a diario a personas que, ignorando las advertencias médicas, prefieren no creer en la gravedad de su diagnóstico.

La realidad es cruda: la diabetes no espera, no negocia y no entiende de intuiciones.

 Si no se atiende a tiempo y con disciplina, la enfermedad termina cobrando una factura muy alta, a menudo irreparable.

No hace falta ser un genio para entenderlo: la medicina del presente y del futuro radica en la prevención y en la responsabilidad que cada uno asume sobre su propio cuerpo.

«La historia de Steve Jobs nos resulta más cercana a los salvadoreños de lo que pensamos. Y es que no solo nos cambió la vida con la computación y el celular, facilitándonos el día a día, sino que también nos deja una lección dura: al igual que muchos de nuestros compatriotas, él fue de los que no le dio prioridad a su salud a tiempo. Hay una terquedad muy nuestra en eso de ignorar las señales del cuerpo hasta que ya es muy tarde. A veces, nos hace falta bajarle un poquito a ese ritmo frenético y entender que la salud no puede esperar.»

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