Por: Carlos Ramírez, director de Diabetes Responsable.
Cada 9 segundos se apaga una vida en el mundo a causa de una enfermedad que muchas veces se puede prevenir o controlar: la diabetes.
Esta alarmante estadística de la Federación Internacional de Diabetes (FID) ilustra por sí sola la magnitud que ha alcanzado esta epidemia global.
En El Salvador, los parámetros nacionales reflejan una realidad igual de preocupante.
Según estimaciones de ASADI, 1.2 millones de personas ya están diagnosticadas con diabetes y unas 800,000 corren el riesgo de padecer esta enfermedad, que, en vez de disminuir, avanza campante por los cuatro puntos cardinales del país.
EL IMPACTO EN CIFRAS EN EL SALVADOR


Para dimensionar la magnitud del problema, la FID estima que en 2024 hubo 3,655 muertes atribuibles a la enfermedad, equivalentes al 11.6% de las muertes.
Con este panorama, resulta lógico que las salas de los hospitales públicos —MINSAL e ISSS— permanezcan saturadas.
A esto se suma el riesgo de complicaciones graves como enfermedad renal, pérdida de visión, neuropatía y lesiones en los pies que pueden conducir a amputaciones.


EL ROL DE LA EDUCACIÓN FRENTE AL ESFUERZO ASISTENCIAL

Es innegable que el sistema público de salud salvadoreño realiza una labor importante para tratar este padecimiento.
Los avances tecnológicos y de infraestructura son evidentes: la digitalización significativa de los servicios en el ISSS y el MINSAL, la creación del programa Doctor SV y la construcción del nuevo Hospital Rosales son muestras claras de avance.
Sin embargo, el rol principal de un hospital siempre será curar o estabilizar al paciente que ya está enfermo.
Ante esta realidad, es casi seguro, que la saturación hospitalaria no cederá fácilmente si solo se enfoca en la etapa reactiva o curativa.

LA CLAVE ESTÁ EN EDUCAR PARA PREVENIR
Cuando fundamos Diabetes Responsable.org nuestro portal educativo sin fines de lucro, lo hicimos bajo una certeza empírica:

Mientras la población no cambie sus hábitos desde la raíz, las salas de espera de los hospitales seguirán llenas. Y ello solo se logra con educación. De hecho, nuestro lema es: La educación es la medicina más poderosa.
UNA MEDICINA PODEROSA PARA UNA ENFERMEDAD ENGAÑOSA
Adoptamos ese lema porque la diabetes es una enfermedad traicionera. No avisa.

A diferencia del COVID-19, que podía quitar la vida de forma casi inmediata, la diabetes destruye de manera silenciosa… «al suave», hasta que las complicaciones aparecen muchas veces irreversibles.
NUESTRO ENFOQUE ES INÉDITAMENTE VALIDADO POR 7 SISTEMAS DE IA
Nuestro enfoque centrado en la pedagogía digital y comunitaria ha sido validado incluso por siete sistemas de Inteligencia Artificial (IA), los cuales han reconocido la efectividad de nuestras metodologías de divulgación.


Las IA´s catalogan nuestra información como accesible y sencilla para el ciudadano común, a pesar de estar fundamentada bajo formatos científicos como APA.
No sabemos con exactitud a qué cantidad de personas hemos impactado con nuestro material educativo, pero nos inspiran las palabras de un médico amigo: “Salvar la vida a una sola persona ya es ganancia”.
UNA PROPUESTA DE ESTADO: ARTICULAR LA EDUCACIÓN

Algo hay que hacer para frenar esta epidemia abusiva y sin compasión. La lógica simple basada en la fuerza de los hechos, indica que se necesita un esfuerzo masivo que trascienda la atención médica tradicional.
Una propuesta realista implica “agarrar al toro por los cuernos”. Con nombre y apellido lo ideal es centralizar los esfuerzos educativos diabetológicos en un solo organismo a fin de garantizar que el proyecto tenga la fuerza necesaria. Y esa fuerza podría estar en una estrategia de Estado.
- Precisa unificar, no solo los programas educativos del ISSS y el MINSAL, sino también persuadir a otros actores clave de la nación, para que se sumen al esfuerzo.
Una idea plausible es integrar al posible nuevo ente al Ministerio de Educación. En este caso, a través de las escuelas y universidades, miles de jóvenes podrían capacitarse como educadores voluntarios para llevar la prevención directamente a los hogares y comunidades urbanas y rurales.


Combatir una epidemia titánica requiere un esfuerzo titánico y, sobre todo, realista.
Solo apostando por la educación digital y comunitaria lograremos frenar la epidemia silenciosa y, en cascada, con la ayuda de Dios, reducir las aglomeraciones en los hospitales, aliviar el sufrimiento de las familias salvadoreñas, proteger la productividad y el futuro de nuestra nación (fin)
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